Entre el premio Nobel de fisiología o medicina y El Libro Tibetano de los muertos

¿Qué hay en común entre el premio Nobel de fisiología o medicina y El Libro Tibetano de los muertos? 

La respuesta es corta, es la vida intentando explicar su misterio. La alargaré en un intento de explicar el premio y emitiendo apenas un concepto sobre el segundo.

La ciencia es un intento de la vida para explicarse así misma. En esta tarea, el reciente premio Nobel de fisiología o medicina (traducción literal del inglés), encontró un argumento más que sustenta la impredecibilidad exacta del comportamiento de la vida, es decir de su complejidad.

Los científicos Víctor Ambros y Gary Ruvkun, basados en sus hallazgos, propusieron un mecanismo de retroalimentación que logró explicar que algunos genes que se pensaba que iban a producir su proteína correspondiente, no lo hicieron. Se esperaba esto porque para producir una proteína X, la información que está contenida en el ADN debe ser primero transcrita a ARN, y luego a proteína. Los autores encontraron en gusanos (Cenorrabditis elegans) que había un gen que era transcrito a ARN pero nunca a proteína. Así, este fragmento de ADN (gen) se quedaba en un transcrito, llegaba hasta un ARN pequeño que era modificado químicamente, y que luego, este ARN evitaba que se expresara otra proteína.

La consecuencia de este hallazgo es que, en cierta medida, explica por qué a pesar de que todas nuestras células tienen la misma información genética, no todas producen las mismas proteínas. Es decir, a pesar de que el ADN de tus neuronas y tus linfocitos es el mismo, las proteínas que producen son muy diferentes. A su vez, la consecuencia de esta explicación – todavía magra para un premio Nobel- fue lograr otro nivel de explicación anidado al anterior, sobre cómo a partir de una sola célula, un óvulo fertilizado para ilustrar el caso, se producen organismos tan diferentes como los gusanos con sus movimientos, las moscas con su alas en el dorso y nosotros los humanos que llevamos curiosamente la cabeza por encima de los hombros. 

Los científicos hallaron que este mecanismo, además, estaba conservado en todos los animales que no perteneces ni al grupo de los corales ni al de las medusas. El mecanismo apareció en la vida hace unos 50 millones de años. Eso puede ser mucho, pero para unos 4.000 millones de años de evolución de la vida, no queda más que preguntarse por lo que vendrá. Una lástima no vivir para saberlo.

Y como ser viviente curioso por la explicación de la vida, veo que el descubrimiento en cuestión, más allá del premio Nobel, nos ayuda a entendernos como sistemas dinámicos, cambiantes, hechos a partir de propiedades emergentes y con retroalimentaciones que nos dan características de sistemas caóticos.

Esa es una construcción del entendimiento de la vida, como la conocemos en occidente y desde la ciencia. Desde allí, creemos que cuando se termina una vida, esta pasa a ser alimento para otro ser vivo. Es entonces la vida, lo que quiera que esto signifique, perpetuándose. Sobre si lo hace consciente o inconscientemente, lo mejor que ha podido hacer la humanidad es creer hipótesis. Tal vez sea un descanso para la mente inquieta, simplemente aceptar que no lo vamos a conocer por ahora. Pero la ciencia se limita a responder por lo que puede.

La ciencia como la conocemos es muy joven si la comparamos con otros sistemas de creencias y explicaciones. No es menester el debate de si mejor o peor que las creencias. Se ha venido constituyendo eso sí, como un tipo de conocimiento hegemónico porque funciona. Así, incluso el esoterismo se atreve a usar su nombre para afirmar que algo es verdadero. 

Hay también otras formas de conocimiento y formas de relacionarse con el universo, con la vida, que fueron durante el oscurantismo casi erradicadas, borradas por el cristianismo y la barbarie europea con su inútil hambre de poder.

Hoy, producto de la globalización nos venimos alimentando de otras culturas y termina siendo interesante encontrar maneras de relacionarse con la vida y la muerte que durante mucho más tiempo que el que ha tenido la ciencia, han intentado entender estos fenómenos como ciclos eternos. Han intentado dar respuestas sobre el universo, sobre el infinito, sobre la muerte y sobre este misterio que llamamos vida. 

El libro tibetano de los muertos, o Bardo Thodol, es una joya de la antigüedad y una pregunta por el cómo esta vida humana explica la vida, y la muerte también.

Referencias

Ambros, V. (2008) ‘The evolution of our thinking about microRNAs’, Nature Medicine, 14(10), pp. 1036–1040. Available a https://doi.org/10.1038/nm1008-1036.

Ruvkun, G., Wightman, B. and Ha, I. (2004) ‘The 20 years it took to recognize the importance of tiny RNAs’, Cell, 116(2 Suppl), pp. S93-96, 2 p following S96. Available at: https://doi.org/10.1016/s0092-8674(04)00034-0.

Publicado por David.

Académico, pregunto.

2 comentarios sobre “Entre el premio Nobel de fisiología o medicina y El Libro Tibetano de los muertos

  1. Este texto me hizo pensar que, aunque la ciencia y la espiritualidad parezcan muy distintas, en el fondo buscan lo mismo: entender qué es la vida. El Nobel de Medicina muestra que la vida es más compleja de lo que creíamos, y El Libro Tibetano de los Muertos ve la muerte como una parte más del camino. Al final, ambas formas de ver el mundo nos ayudan a hacernos las mismas preguntas, y tal vez eso sea lo más humano que hay.

    Me gusta

  2. Este texto me hizo pensar que, aunque la ciencia y la espiritualidad parezcan muy distintas, en el fondo buscan lo mismo: entender qué es la vida. El Nobel de Medicina muestra que la vida es más compleja de lo que creíamos, y El Libro Tibetano de los Muertos ve la muerte como una parte más del camino. Al final, ambas formas de ver el mundo nos ayudan a hacernos las mismas preguntas.

    Me gusta

Deja un comentario