En días pasados Brainkers abordó el espinoso tema del impacto de la soledad en nuestra salud. La amplia gama de afectaciones en las que se ha relacionado este tema incluyen un efecto directo sobre el aumento de la tasa de mortalidad, quizá por su posible asociación con los desórdenes metabólicos, cardiovasculares y neurológicos. Desde su definición, la soledad es entendida como un distrés, es decir, una variante del estrés que se hace crónica y que impide al individuo adaptarse a los cambios que surgen en su día a día. La particularidad de la soledad como fenómeno es que dicho distrés surge a partir del relacionamiento social, cuando alguien tiene una discrepancia entre la forma ideal y el deseo de estar en contacto o con un vínculo estrecho con las demás personas versus la propia realidad del individuo inmerso en sus propias vicisitudes. Desde esta mirada emerge la importancia del imaginario cultural que todos tenemos: no será entonces la misma soledad de las poblaciones caribeñas que la de aquellas poblaciones escandinavas con diferentes exposiciones a la luz del sol durante el año, o de aquellos que viven en la cumbre de las montañas si se compara con las personas que habitan cerca del nivel del mar. La interacción con las personas también tiene implícita una relación con el entorno por lo que para hablar de soledad se requiere también circunscribirla a todo lo que nos rodea. Esto se hace evidente al analizar que esta percepción de soledad no necesariamente aparece en personas con aislamiento físico o con pocas interacciones sociales, también aparece en personas que inmersas dentro de múltiples tejidos sociales se perciben solitarios y aislados de los demás.
Bajo esta mirada de la psiconeuroinmunoendocrinología del estrés la doctora Louise Hawkley nos expresa la dificultad de explorar la soledad, pues su definición pasa por muchos condicionantes individuales, tanto así que en diferentes estudios se indaga la soledad de forma muy general mediante preguntas directas como “¿Qué tan frecuentemente percibes que estás solo o sola o en soledad?”, o preguntas indirectas como “¿Te sientes con frecuencia excluido? Pese a esto, uno de los hallazgos mas consistentes es que la frecuencia de soledad es mayor en adultos jóvenes mientras que se reduce en los adultos de mediana edad y en aquellos cercanos al principio de la adultez mayor. Este panorama cambia en adultos mayores más viejos, lo que pudiera impactar en la tasa de mortalidad y morbilidad, como se observa en un metanálisis que comparó 70 estudios y destacó un riesgo mayor (26%) de morbimortalidad en adultos solitarios. Esto parece tener un impacto sobre la enfermedad coronaria que es más común en este grupo de edad así como la discapacidad funcional, la demencia y el deterioro cognitivo. Los datos sin embargo todavía son limitados, no obstante son una alerta para este grupo poblacional en diferentes partes del mundo en los que se ha incrementado el número de adultos mayores con respecto a personas de otros grupos etarios.
Motivados por esta preocupación en el escenario de las políticas públicas en salud, el Reino Unido lanzó una estrategia enfocada a reducir la morbilidad por la soledad y en el 2018 estableció el Ministerio de la Soledad. Los Estados Unidos, por su parte, han proveído a los adultos mayores programas de actividad física masivos que impactan sobre las enfermedades crónicas como hipertensión y enfermedad cardiovascular, así como en las tasas y frecuencias de soledad de esta población. Los sistemas de salud en el mundo han visto envejecer a las poblaciones en Occidente pues la expectativa de vida ha ido en aumento y las tasas de natalidad están llegando a niveles cercanos a los críticos, por lo que este tema comienza a ser parte de los retos globales, tal y como lo han expresado las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud. En Latinoamérica el tema no pasa desapercibido, y éste será un tópico que retomaremos más adelante.
Conoce más del autor: Julio Cesar Bueno. Médico, Magister y Doctor en ciencias básicas biomédicas con énfasis en fisiología de la reproducción.
Bibliografía
National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine; Division of Behavioral and Social Sciences and Education; Health and Medicine Division; Board on Behavioral, Cognitive, and Sensory Sciences; Board on Health Sciences Policy; Committee on the Health and Medical Dimensions of Social Isolation and Loneliness in Older Adults. Social Isolation and Loneliness in Older Adults: Opportunities for the Health Care System. Washington (DC): National Academies Press (US); February 27, 2020. Bookshelf ID: NBK557974
Hawkley LC, Buecker S, Kaiser T, Luhmann M. Loneliness from Young Adulthood to Old Age: Explaining Age Differences in Loneliness. Int J Behav Dev. 2022;46(1):39-49. doi:10.1177/0165025420971048.

Excelente abordaje Doctor, muchas gracias por la información.
Me gustaMe gusta
El artículo de Brainkers hace un excelente trabajo al abordar un tema importante y que es ignorado: el impacto de la soledad en la salud. La soledad no es solo un problema emocional, sino que también tiene un impacto significativo en nuestra salud física y mental. el artículo también destaca que la percepción de la soledad varía de persona a persona y depende de varios factores, como la edad, la cultura, el entorno y la personalidad. Esto es importante para comprender que la soledad no es un problema que afecta a todos por igual.
Me gustaMe gusta
Desde mi perspectiva como estudiante de medicina, encuentro que es una lectura sumamente relevante, ya que resalta cómo la soledad puede influir en diversos problemas de salud, desde desórdenes metabólicos hasta enfermedades cardiovasculares y neurológicas.
Me parece interesante la exploración de la relación entre la soledad y el estrés crónico. El artículo habla sobre como el estrés crónico puede tener efectos graves en el organismo, lo que resalta la importancia de comprender cómo la soledad puede desencadenar este tipo de estrés y sus consecuencias para la salud.
Creo que se ofrece una mirada crítica y bien fundamentada sobre un tema relevante y subestimado en el campo de la salud pública. Destaca la necesidad de abordar la soledad desde una perspectiva holística, considerando tanto sus aspectos médicos como sociales y culturales, para mejorar el bienestar de las personas en todo el mundo.
-Mariana Mejía Palacio
Me gustaMe gusta
Este texto deja claro que la soledad no es solo un estado emocional, sino un factor real de enfermedad. Pero también me hace preguntarme si el problema no es solo individual, sino estructural. ¿Cómo es posible que en un mundo donde cada vez hay más redes, más conexiones y más tecnología, estemos creando sociedades donde la soledad es una epidemia silenciosa?. Me parece irónico que existan ministerios y políticas para combatir la soledad cuando, en el fondo, hemos construido un sistema que favorece el aislamiento, la competencia y la desconexión emocional. La pregunta que queda es si realmente estamos atacando la raíz del problema o solo poniendo parches a un vacío que, quizá, es mucho más profundo y colectivo de lo que queremos aceptar.
Me gustaMe gusta
Me parece muy pertinente tu comentario. En sociedades con culturas que apuestan por la conexión emocional se observa un enfoque del cuidado colectivo. No hablo de los países de mayores ingresos, tampoco de nuestro país como un todo, hablo de comunidades indígenas o incluso raizales. Creo que lo que conservan de acervo cultural les permite no evitar la soledad sino aceptar una condición humana sin aislamiento económico ni social. En nuestras sociedades urbanas el fenómeno se acrecienta y quizá esto sea un efecto de las últimas etapas del capitalismo.
Saludos
Me gustaMe gusta