Alrededor de los años 60 comenzó un interés en las posibles teorías que pudiesen explicar cómo se producían los signos y síntomas de la depresión. Así pues, en 1990 se aceptó ampliamente la teoría serotoninérgica como la principal causa de dicho trastorno, la cual proponía que alteraciones en el sistema de la serotonina, en especial, su disminución sería el responsable de la enfermedad. No obstante, no fue hasta el 2020 que se comenzó a evaluar la evidencia que había justificando dicha teoría, se realizó así una revisión sistemática donde las conclusiones resultaron ser contradictorias respecto a lo que se conocía.
Inicialmente, se buscó información sobre los niveles de serotonina en el cuerpo, cómo actuaban sus receptores y cómo esta se eliminaba del cuerpo. Se creía pues, que si la disminución o alteración en la serotonina era la causa de la depresión, se iba a encontrar relación con la aparición de la enfermedad y alteración tanto en la serotonina como en los receptores en donde esta actúa. Según los resultados, grosso modo, no se encontró una relación directa en la alteración del sistema serotoninérgico y la depresión.
Respecto al metabolito de la serotonina (lo que queda después que el cuerpo degrada a la serotonina) se encontró que no había relación de los niveles de este último con la depresión, solo en un estudio de mujeres post menopáusicas se encontraron niveles bajo del metabolito, sin embargo, el resultado no fue estadísticamente significativo. Por otro lado, en los receptores, el que tuvo mayor relevancia fue el receptor serotoninérgico 5HT1A, el cual regula los niveles de la serotonina a nivel cerebral y los disminuye. En dos metaanálisis que se encontraron de esta temática, no se encontró diferencia en la cantidad ni función del receptor en pacientes con depresión y sus controles.
Respecto a los transportadores de serotonina, se encontró en algunos pacientes una alteración en la cantidad de estos transportadores en ciertas áreas del cerebro, sin embargo, estos resultados no se encontraron en todos los pacientes a los que se les hizo dicho estudio. Se encontró inclusive, como conclusión, una evidencia débil que apuntaba que existía una relación entre el aumento de la actividad de serotonina con la depresión y no una disminución como se creía con anterioridad.
Finalmente, estos estudios dejan la puerta abierta a nuevas búsquedas en la causa de la depresión, ya que, al parecer, no hay evidencia certera sobre la disminución de la concentración de serotonina y en consecuente, su actividad, con la depresión. Por lo anterior, es importante continuar con la búsqueda de dicho enigma para mejorar así, no solo el objetivo terapéutico, sino la calidad de vida y el pronóstico de quien presente dicho trastorno.
Conoce más de la autora: Elisabeth Machado. Médico general y residente de psiquiatría de la Corporación Universitaria Remington.
Referencias:
Moncrieff, J., Cooper, R.E., Stockmann, T. et al. The serotonin theory of depression: a systematic umbrella review of the evidence. Mol Psychiatry (2022). https://doi.org/10.1038/s41380-022-01661-0
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