Las decisiones de consumo que tomamos a diario, son procesos influenciados por diversas transiciones económicas, sociales, culturales y nutricionales. A menudo, adquirimos hábitos inconscientes debido a las estrategias agresivas de distribución y comercialización de alimentos ultraprocesados, los cuales carecen de nutrientes protectores como fibra, fitoquímicos y antioxidantes. Estos alimentos altos en grasa saturada, azúcar y conservantes, han influenciado en la adopción de patrones alimentarios poco saludables, lo que puede llevar al desarrollo de enfermedades como la enfermedad del hígado graso no alcohólico.
Esta patología se caracteriza por una acumulación anormal o excesiva de grasa en el hígado, un trastorno metabólico relacionado con resistencia a la insulina, exceso de peso y una alimentación de muy mala calidad nutricional. Esta enfermedad abarca un espectro amplio de daño hepático, desde la inflamación, cirrosis o insuficiencia hepática. Si bien esta enfermedad ha centrado la discusión en afecciones cardiacas, en los últimos años se ha prestado mayor atención a nivel investigativo a la del cerebro y su relación con la enfermedad del hígado graso no alcohólico. Reconociendo que incluso etapas prepatogénicas de esta enfermedad están vinculadas en el deterioro cognitivo, demencia, envejecimiento cerebral y alteraciones neurovasculares.
Las repercusiones en el cerebro se han documentado específicamente en la disfunción microvascular. Esto provoca una reducción en el flujo sanguíneo cerebral, lo que puede resultar en daño o atrofia del tejido. Además, la adiposidad en el hígado y la secreción de citoquinas, proteínas que regulan e inducen un proceso de inflamación subclínica; pueden disminuir el volumen cerebral y provocar neurodegeneración.
Otro de los trastornos más comunes en los pacientes que padecen hígado graso es la presencia y frecuencia de episodios de depresión y ansiedad. Algunos estudios han correlacionado la gravedad de la enfermedad y la existencia de trastornos del estado de ánimo. Lo que resalta la importancia de abordar adecuadamente la salud mental en estos pacientes.
Por lo que las decisiones en cuanto a los hábitos alimentarios y estilo de vida tienen un impacto directo en nuestra salud física y mental. Es crucial tomar conciencia de los alimentos que elegimos y permitir una reflexión de las tendencias de producción de alimentos que carecen de nutrientes protectores, para tomar decisiones informadas y fomentar una alimentación más saludable.
Conoce más de los autores:
Lorelvis Isabel Rodríguez Gómez. Estudiante de Nutrición y Dietética de la Corporación Universitaria Remington.
Cindy Alejandra Pachón. Nutricionista y Microbióloga Industrial de la Pontificia Universidad Javeriana y Magíster en Ciencias de la Alimentación y Nutrición de la Universidad de Antioquia.
REFERENCIAS
1. Weinstein, G., Zelber-Sagi, S., Preis, S. R., Beiser, A. S., DeCarli, C., Speliotes, E. K., Satizabal, C. L., Vasan, R. S., & Seshadri, S. (2018). Association of Nonalcoholic Fatty Liver Disease With Lower Brain Volume in Healthy Middle-aged Adults in the Framingham Study. JAMA neurology, 75(1), 97–104. https://doi.org/10.1001/jamaneurol.2017.3229
2. Filipović, B., Marković, O., Đurić, V., & Filipović, B. (2018). Cognitive Changes and Brain Volume Reduction in Patients with Nonalcoholic Fatty Liver Disease. Canadian journal of gastroenterology & hepatology, 2018, 9638797. https://doi.org/10.1155/2018/9638797
Foto por Tijana Drndarski en pexels
