Nos enfrentamos a niveles históricamente altos de enfermedad mental, lo que ha llevado a la búsqueda de soluciones desde la intervención y la prevención. A pesar de contar con un arsenal tecnológico y terapéutico tan amplio para el manejo de muchas enfermedades. Estos, siguen siendo sub-utilizados en el caso de la enfermedad mental, ya sea por problemas de acceso, economía o equidad, sumados a los estigmas a esta enfermedades. En ese sentido, son necesarias intervenciones de mayor alcance para abordar este problema de salud pública.
La definición de salud mental va más allá y debe incorporar la promoción del bienestar, una salud mental positiva. Tal como lo ha incorporado la Organización Mundial de la Salud en su definición de salud como un estado de completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.
Por lo tanto, la salud mental no se trata solo de reducir la enfermedad mental, también implica mejorar de manera proactiva nuestro bienestar. Mejorar el bienestar de las personas en toda la población proporcionaría resiliencia frente a las enfermedades mentales y sería un fin en sí mismo. Lo que ha llevado a muchos expertos a plantearse la pregunta ¿Es posible la generación de programas para mejorar el bienestar de las personas a gran escala?
En la actualidad existen muchos programas con evidencia empírica con participación de personas en intervenciones de psicología positiva, muy breves, pero enfocadas a mejorar el bienestar y por lo tanto la salud de los sujetos. Igualmente, muchos colegios y universidades han desarrollado cursos académicos diseñados para estudiar la ciencia del bienestar y los posibles resultados positivos de participar en estas actividades, con programas basados en evidencia.
El curso La psicología y la buena vida impartido por la Universidad de Yale, se convirtió en una de las clases más populares que ha ofrecido en los 320 años de historia de la universidad, tanto así que esta disponible en la plataforma Coursera como La ciencia del bienestar y ha atraído cerca de 4 millones de estudiantes desde su creación en 2018, convirtiéndose también en uno de los cursos más populares de esta plataforma.
Lo que se enseña en este curso tal vez parezca sencillo, nos sugiere que dormir bien, sentir gratitud y ayudar a otros son los pilares esenciales para ser felices a largo plazo. Laurie Santos, profesora de psicología en Yale manifiesto que se octuplico el número de estudiante en el curso durante la pandemia. Como lo manifiesta la Dr. Santos “Todos saben lo que deben hacer para proteger su salud física: lavarse las manos, mantener una sana distancia y usar tapabocas”, sin embargo “La gente no sabía bien qué hacer para proteger su salud mental”.
Un estudio sobre el impacto de este curso encontró que la incorporación de hábitos simples como el dormir mejor, expresar gratitud y realizar actividades de solidaridad, brindó a los estudiantes un aumento en la percepción de su bienestar, y reducción del riesgo de problemas de salud mental y física. Esto evidencia que el bienestar de la población se puede mejorar de manera confiable a través de programas de intervenciones positivas incluso pseudo-educativos (de forma virtual, gratuitos y a gran escala), dando un potencial de tener impacto en salud pública.
Estos hallazgos pueden aplicarse particularmente a contextos académicos y pueden proporcionar una herramienta para ayudar a mejorar los problemas de salud mental en contextos universitarios. Sin embargo, la virtualidad permiten que cualquier persona participe en cursos de nivel universitario (no solo los estudiantes universitarios actuales), lo que nos lleva a creer que las implicaciones para esta nueva herramienta de salud pública pueden ser de gran alcance.
Bibliografía
Yaden, DB. Teaching well-being at scale: An intervention study. PLoS One. 2021.
