¿Sería posible utilizar el efecto placebo en la práctica clínica?

El termino placebo ha sido descrito desde la antigüedad. Su primera aparición se remonta desde los tiempos de Cristo, en donde se tradujo erróneamente del hebreo en textos bíblicos. Posteriormente, en la edad media se utilizó para designar los gritos que sucedían en los entierros; en el siglo XV se usó para nominar a aduladores y consecuentemente en el siglo XVI era usado para hacer comparaciones entre grupos de procedimientos de índole religioso. Finalmente, en el siglo XIX comienza a utilizarse en medicina, destacándose el efecto analgésico ocasionado por la administración de solución salina a heridos de la segunda guerra mundial debido a la escasez de morfina. Actualmente, el término se acuña principalmente en ensayos clínicos de medicamentos, donde un grupo con tratamiento consume el medicamento que lleva la molécula que se está estudiando y otro grupo conocido como placebo recibe una fórmula similar sin la molécula.

Según la Real Academia de la Lengua Española, se define placebo como: “una sustancia que, careciendo por sí misma de acción terapéutica, produce algún efecto favorable en el enfermo, si este la recibe convencido de que esa sustancia posee realmente tal acción”. Así, pues, el efecto placebo hace referencia a la respuesta positiva que tiene un tratamiento en la enfermedad de un individuo, ya sea una sustancia sin principio activo o una intervención sin el mecanismo fisicoquímico directo que lo explique.

Con el fin de entender cómo se produce dicho efecto, se han estudiado diversos ámbitos tanto anatómicos como fisiológicos. Gracias a estudios de neuroimagen se han asociado áreas cerebrales como la amígdala, la corteza orbitofrontal y la corteza cingulada dorsal con los efectos analgésicos, ansiolíticos y antidepresivos del placebo, los cuales, presentan distintos mecanismos que con frecuencia se relacionan entre sí. Tal es el caso del sistema dopaminérgico que participa en diferentes vías involucradas en la recompensa, expectativa y motivación, así como en la analgesia no opioide, en donde también está implicado el sistema endocannabinoide.  Sin embargo, es el sistema opioide endógeno el principal mecanismo al que se le atribuye el efecto analgésico placebo; con posibles mecanismos hormonales involucrados, como la oxitocina, así como los polimorfismos en el gen del receptor opiode µ.

Por otro lado, se han reportado cambios en las funciones inmunitarias efectoras, como disminución de sustancias proinflamatorias con la administración de placebo, que se ejemplifican en múltiples estudios realizados en animales y humanos; como un ensayo clínico aleatorizado en donde se le suministró una bebida azucarada (estímulo condicionado)  con un antihistamínico: desloratadina (estímulo no condicionado) a 30 pacientes con rinitis alérgicas por 5 días.  Después de pasados 9 días de eliminación del fármaco, se dividieron en 3 grupos: el grupo de “agua” que recibieron agua con un placebo, el grupo “placebo”, que fueron re expuestos con la bebida saborizada y un placebo, y el grupo de “fármaco” que recibieron agua con desloratadina. El grupo de “agua” presentó mejoría sintomática y en los resultados de las pruebas cutáneas, pero no mejoró la respuesta inmune, lo que sí se observó en el grupo “placebo» que tuvo una respuesta similar al grupo de “fármacos” en mejorar la respuesta inmune, a pesar de que no tenía el principio activo. Esta respuesta va más allá de la expectativa que pueda tener un paciente, se puede observar como el sistema inmune “aprende” a responder de una forma específica frente a un estímulo, a esto se le conoce como respuesta inmune condicionada. Estos estímulos están siendo estudiados en los mecanismos endocrinológicos asociados al efecto placebo, sin embargo, han tenido resultados contradictorios.

Por último, es preciso mencionar los mecanismos psicológicos implicados en el efecto placebo, así como, la motivación, expectativas, aprendizajes del paciente y respuestas condicionadas de experiencias pasadas, al igual que la relación médico-paciente y la información suministrada por el profesional de salud, por ejemplo, explicarle verbalmente al paciente el suministro del placebo, lo cual en patologías como depresión, lumbalgias y migrañas crónicas ha demostrado mejoría de la sintomatología. A pesar que hoy en día el uso de placebo tiene restricciones éticas y se limita a estudios de investigación, si se tiene en cuenta las bases psico-neuro-inmuno-endocrinas del efecto placebo, se podría llegar a contemplar en un futuro su uso en la práctica clínica de determinadas patologías.

Conoce más de la autora: Stephanie Muñoz. Médica de la Universidad del Norte de Barranquilla y residente de psiquiatría de la Corporación Universitaria Remington.

Bibliografía

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Foto de dominio público: Colorful pills & drugs,

3 comentarios sobre “¿Sería posible utilizar el efecto placebo en la práctica clínica?

  1. La manera en la que funciona el efecto placebo y el impacto que tiene en el cerebro es impresionante, tanto así que como lo mencionan en el artículo, en la Segunda Guerra Mundial daban solución salina por escasez de morfina a heridos y estos podían superar la intervención sin problemas. Esto nos muestra qué tan importante es la conexión entre la mente y el cuerpo, ya que al paciente tener la expectativa de curarse mediante una medicación concreta, condiciona la respuesta de su organismo al tratamiento, y aunque el uso de este efecto aun no ha sido aprobado para la práctica clínica, su uso sería de gran ayuda en casos que no comprometan la vida del paciente.

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  2. El artículo da a conocer los efectos del placebo desde su aparición en los textos bíblicos hasta la actualidad, que, como es de saberse, es una sustancia considerada como poco ética al momento de ser administrada a un paciente. Por el momento solo es utilizado en estudios clínicos en los que con antelación los participantes otorgan su permiso y dicen que es de su conocimiento que se les llegue a administrar una dosis de un placebo. En lo personal, me parece que debería estar permitido en casos de adición a algún medicamento o en caso tal de que un paciente no presente mejoría después de utilizar diversos métodos y tenga un dolor insoportable; sin embargo, me sostengo en que es poco ético que un paciente no tome un medicamento con los compuestos supuestamente mencionados en su empaque, o que un médico considere en engañar al usuario que consultó por sus dolencias.

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  3. En algunos casos, este tipo de tratamiento puede ser cuestionable ética y moralmente, ya que no es apropiado engañar a los pacientes para obtener respuestas positivas en el tratamiento de una enfermedad. Sin embargo, se podría decir que el efecto placebo puede ser utilizado en tratamientos con el fin de evaluar su efectividad y obtener puntos a favor de esta practica en la medicina, incluso servir de complemento en algunos tratamientos. El efecto placebo puede ser funcionales para tratar síntomas como el dolor. Esto demuestra la gran conexión que se tiene entre el cuerpo y la mente, donde se puede obtener un impacto positivo en la respuesta a ciertos tratamientos, aún siendo este un poco limitado en cuanto a su practica. El efecto placebo puede ser una herramienta muy útil en la investigación y atención médica.

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