La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) reportó en su informe mundial del 2021, que aproximadamente 275 millones de personas utilizaron drogas durante ese año. El 13% de estas personas sufren un trastorno por consumo de sustancias, evidenciándose un incremento de las cifras proporcional al aumento de la población. Adicionalmente, el aumento está relacionado con los efectos de la pandemia por COVID-19 y la baja percepción del riesgo del consumo de sustancias psicoactivas, especialmente por jóvenes quienes cada vez lo inician a edades más tempranas, cuando aún no ha finalizado el desarrollo cerebral. Esto empeora el curso y pronóstico del trastorno por consumo, aumentando consecuentemente los costos directos e indirectos a los sistemas de salud.
Desde el siglo XIX se emplea el concepto de adicción, definiéndose inicialmente como una enfermedad de la voluntad, asociándose a trastornos de la personalidad y en ocasiones como sinónimo de embriaguez. Actualmente, se relaciona con el deseo recurrente de consumo de sustancias psicoactivas y/o realización de conductas susceptibles de generar dependencia, como el juego, la comida o el sexo, que resulta en la búsqueda y comportamiento compulsivo (ej. el consumo de la sustancia o la realización de la conducta), a pesar de las consecuencias nocivas para el individuo o su entorno, lo que demuestra la pérdida del autocontrol de quien la padece y su etiología multifactorial, que involucra factores biológicos y psicosociales. De estos factores, ninguno es suficiente en sí mismo para producir la enfermedad, pero sí en explicar la vulnerabilidad para desarrollarla. La adicción está incluida en la 5ta versión del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, en donde se le considera equivalente al estado mas grave y crónico del trastorno por uso de sustancias.
Las sustancias más usadas son el alcohol y el cigarrillo que están legalizadas en la mayoría de los países. Sin embargo, en los últimos años se ha evidenciado un incremento en el uso de otras sustancias psicoactivas como el cannabis, la cocaína, opioides como la heroína, el pegamento que no fue elaborado para consumo humano, la ketamina que es un anestésico usado más en animales que en humanos, entre otras. Este aumento llega a ser considerada por algunos autores como una epidemia que representa una verdadera amenaza para la salud pública. Problemática que se empeora con el advenimiento de nuevas sustancias psicoactivas y las distintas modalidades de comercialización, destacándose entre ellas el internet, que ha facilitado la distribución de las sustancias, dificultado su control y regulación. Diferentes estudios han encontrado un aumento del riesgo de consumo en las personas que viven en países con bajos niveles de ingresos, especialmente los hombres.
Con el fin de entender lo que pasa en el cerebro de una persona que padece algún tipo de adicción, debemos partir de que es una enfermedad que afecta el sistema nervioso central en donde hay una disfunción de áreas involucradas en el aprendizaje, la memoria, la motivación y la conducta; como son los ganglios basales, la amígdala y la corteza prefrontal. Se describen 3 etapas en la adicción que resultan de cambios neuroadaptativos y que involucran circuitos cerebrales específicos que explican las manifestaciones clínicas, como veremos a continuación:
En la primera etapa o intoxicación hay una sensación de euforia dada por la liberación de la dopamina, secundaria a la activación del circuito de recompensa, lo que refuerza positivamente la conducta y desencadena el aprendizaje o condicionamiento. La hiperactividad dopaminérgica produce un estado de adaptación en la amígdala que explica lo que pasa en la segunda etapa, conocida como abstinencia. En esta segunda etapa hay una desensibilización de los circuitos de recompensa y disminución de la reactividad a la dopamina por la menor expresión de sus receptores que resulta en la disminución de la capacidad de sentir placer y en la motivación para realizar actividades cotidianas. Esta se manifiesta con síntomas disfóricos, depresivos, ansiosos o inquietud, que constituyen el elemento reforzador negativo en donde se busca y consume la droga para disminuir los efectos derivados de su ausencia, aquí tienen lugar los fenómenos de tolerancia y dependencia.
Las alteraciones descritas anteriormente conllevan a una disminución de las funciones de la corteza prefrontal y en señalizaciones glutamatérgicas que determinan la tercera fase de la adicción, denominada preocupación o anticipación, manifestándose clínicamente con la conducta compulsiva y alteraciones en los procesos ejecutivos como la toma de decisiones y autorregulación; lo que explica la vulnerabilidad a presentar recaídas. Es de anotar que los síntomas descritos anteriormente pueden variar a medida que el cerebro se adapta al aumento y/o persistencia del consumo, pero gracias a la neuroplasticidad del cerebro, los circuitos afectados pueden restaurarse con un tratamiento integral, que se entiende como necesario por todas las alteraciones estructurales y funcionales que suceden en la adicción. Entre más temprana sea la intervención mayor será la posibilidad de revertir los cambios ocasionados, por lo que se debe potenciar esfuerzos en los distintos tipos de prevención, con un abordaje más empático y menos punitivo que se logra una vez es entendida la neurobiología de la adicción.
Conoce más sobre la autora: Stephanie Muñoz
Bibliografía:
World Drug Report 2021 (United Nations publication, Sales No. E.21.XI.8).
Wise, R. A., & Robble, M. A. (2020). Dopamine and Addiction. Annual review of psychology, 71, 79–106.
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Volkow, N., Koob, G., McLellan,A. (2016) Neurobiologic Advances from the Brain Disease Model of Addiction. N Engl J Med; 374:363-371
Foto por Alexander Krivitskiy en Pexels.com

Opinó que el artículo está muy bien planteado y tienes muy buenas bases tanto de investigación como de argumentación, pero me gustaría añadir el vapeo o el consumo de vaporizadores,
ya que en los últimos años después de la pandemia estos han incrementado su consumo sobretodo en los jóvenes, sin embargo aún no sabemos los contra que pueden traer estos fuera de los ya conocidos, ya que a mi parecer el vaper o el consumo de este puede llegar a hacer daño en igualdad o aún más que el cigarrillo y el alcohol, más porque se ha vuelto una moda su uso y se está consumiendo desde muy temprana edad llegando a convertirse también en una adicción
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