Las autolesiones no suicidas son una amenaza común para la salud mental. Se trata de una conducta que actualmente está muy extendida entre los adolescentes tanto en la comunidad como en entornos clínicos con tasas de prevalencia de vida entre el 17 y el 60% en estudios recientes. Está influenciada por múltiples factores, incluido el contacto social, los factores estresantes interpersonales, los antecedentes neurobiológicos, así como la desregulación emocional y las experiencias adversas en la infancia.
La autolesión no suicida se define como el daño intencional y autoinfligido en la superficie del cuerpo sin intención suicida, que no está sancionado socialmente. Esta definición excluye conductas autolesivas accidentales e indirectas (p. ej, trastornos alimentarios o abuso de drogas) así como conductas socialmente aceptadas como tatuajes, perforaciones o rituales religiosos. Los métodos más comúnmente usados por los adolescentes son el cutting (cortes), scratching (arañazos), hitting o banging (golpes) carving y scraping (tallarse o rasparse la piel). Todas estas lesiones están particularmente presentes en la mitad de la adolescencia y, por lo tanto, presenta una gran preocupación para la población general.
Existen pocos estudios que hablen sobre datos epidemiológicos específicos para este tipo de lesiones, sin embargo, se estima que estas se pueden presentar hasta en un 60% de la población psiquiátrica hospitalizada y el 50% de estos pacientes continúan con estas conductas de forma repetitiva a lo largo de su vida. Las autolesiones no suicidas no solo se presentan en el contexto de trastornos psiquiátricos (trastorno límite de la personalidad, trastornos afectivos, abuso de sustancias, trastornos de ansiedad), sino que también puede ocurrir sin un diagnóstico psiquiátrico comórbido.
En estudios longitudinales se ha demostrado que los comportamientos autolesivos (incluidos los comportamientos suicidas) disminuyen significativamente desde la adolescencia (alrededor de los 15 años) hasta la edad adulta joven (alrededor de los 29 años). Aunque estas conductas disminuyen significativamente con el tiempo, los adolescentes con autolesionismo repetitivo parecen tener un alto riesgo de continuar con estrategias disfuncionales de regulación emocional, incluso después de suspender la realización de las lesiones físicas.
La adolescencia es una fase vulnerable para el desarrollo del autolesionismo, ya que se presentan niveles elevados de impulsividad y reactividad emocional debido a los procesos de desarrollo cerebral. Aparte de la edad, el sexo femenino se ha identificado como un factor de riesgo. El sexo femenino también es más propenso a elegir el cutting como método de autolesionismo y el hitting es más frecuente en el sexo masculino. Con respecto a los factores cognitivos, se ha identificado que los adolescentes con un coeficiente intelectual alto se asocian con un mayor riesgo de autolesionismo no suicida. Dentro de los factores de riesgo sociales se ha identificado que las relaciones disfuncionales, eventos adversos en la infancia, acoso escolar, el contagio social son factores de riesgo significativos. A su vez, la orientación sexual, el ser parte de alguna subcultura juvenil (gótico, emo, otaku) y la influencia de los medios de comunicación y redes sociales ha demostrado que aumenta el riesgo de estas lesiones.
Como el autolesionismo no suicida a menudo se asocia con eventos o situaciones estresantes, y el eje hipotálamo pituitario adrenocortical (HPA) está involucrado en hacer frente a situaciones estresantes, se han realizado estudios que prueban una relación entre estos dos elementos y todos muestran un patrón alterado de regulación del eje HPA. Un estudio de Kaess et al. encontraron niveles reducidos de cortisol en adolescentes con autolesiones no suicidas en respuesta a la prueba de estrés social, lo que podría indicar una hiporrespuesta del eje HPA en situaciones de estrés agudo. Otro estudio centrado en situaciones socialmente estresantes investigó las diferencias en el procesamiento neural de la exclusión social utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI). En este estudio, Groschwitz et al. encontraron diferencias en el procesamiento de la exclusión social en adolescentes deprimidos con autolesionismo no suicida en comparación con adolescentes sanos. Esas diferencias prevalecieron principalmente en la corteza prefrontal medial y la corteza prefrontal ventrolateral, lo que podría indicar que en estos pacientes se ven más afectados por la exclusión social. En otro estudio aplicando fMRI en adolescentes con autolesiones no suicidas se encontraron diferencias en el sistema límbico en comparación con controles sanos al procesar estímulos emocionales.
Los actos autolesivos no suicidas en los adolescentes cumplen algunas funciones reguladoras. El modelo de cuatro factores describe procesos intrapersonales («automáticos») e interpersonales («sociales»), que pueden reforzar tanto positiva como negativamente el comportamiento. Por ejemplo, en la línea de refuerzo negativo automático, el autolesionismo cumple la función de disminuir los sentimientos o pensamientos negativos (es decir, ira, tensión), mientras que el refuerzo positivo automático describe la experiencia de sentimientos o pensamientos agradables o positivos (es decir, sentirse vivo). El refuerzo social positivo describe el refuerzo de la interacción social (es decir, llamar la atención o enviar un mensaje a los demás), mientras que el refuerzo social negativo las describe como un medio para escapar de las interacciones sociales desagradables (es decir, poner fin a una discusión, no asistir a clases). La mayoría de los estudios han encontrado que el refuerzo negativo automático es la función más común.
Dentro de las estrategias terapéuticas se encuentra la psicoterapia en sus distintas modalidades, siendo la terapia dialéctica conductual y la terapia cognitivo conductual las que más evidencia tienen con respeto al manejo de estos pacientes. La evidencia de la medicación psiquiátrica utilizada para el tratamiento de estos pacientes aún es insuficiente. Por lo tanto, no se puede recomendar dicho tratamiento. La determinación de las medidas terapéuticas farmacológicas o no farmacológicas deben ser siempre dirigidas por un profesional en salud mental.
Los estudios epidemiológicos han demostrado que las autolesiones no suicidas es una preocupación importante en la adolescencia. A pesar de su cese en la adultez temprana, el riesgo de problemas de salud mental a largo plazo, tendencias suicidas y comportamientos de riesgo es elevado en este grupo de pacientes. El conocer sobre este tema ayudará de forma particular a las familias que atraviesan este tipo de situaciones. Es importante que tanto el paciente como las personas que lo rodean conozcan acerca de la neurobiología y las funciones psíquicas que pueden tener estas conductas y al mismo tiempo, al identificar este tipo de lesiones y conocer la gravedad de las mismas hará necesaria la búsqueda de ayuda profesional por parte de psiquiatría para el abordaje integral de las mismas.
Brown RC, Plener PL. Non-suicidal Self-Injury in Adolescence. Curr Psychiatry Rep. 2017 Mar;19(3):20. doi: 10.1007/s11920-017-0767-9. PMID: 28315191; PMCID: PMC5357256.
Imagen: https://www.primerahora.com – Juventud en peligro por autolesiones.

Me parece muy importante este tema y el aporte, creo que saber idénticas, como abordar y tratar este tipo de situaciones deben ser y profundizar por el el personal de salud, tratar y abordar estos temas durante la preparación como profesionales tomando como referencia que no solo se debe curar el cuerpo sino también el alma y la mente partiendo que actua como un solo organismo
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