Depresión y ansiedad post-infarto cerebral

Esta semana quisiera destacar un artículo que sustenta la aparición de algunos los trastornos afectivos, incluidos la depresión y la ansiedad en pacientes que han sufrido un infarto cerebral.

Las enfermedades cerebrovasculares están asociadas con una alta incidencia de trastornos psiquiátricos. Se ha estimado que estos trastornos ocurren en un 30-35% durante el primer año después del accidente cerebrovascular. Numerosos estudios han proporcionado información sobre su prevalencia, patogenia, curso clínico, tratamiento y prevención. A pesar del alto nivel de comorbilidad, los síntomas depresivos y de ansiedad parecen no ser reconocidos ni tratados con frecuencia, lo cual genera un impacto negativo sobre la rehabilitación, la calidad de vida, la función cognitiva y la mortalidad de los pacientes con infarto.

El articulo fue publicado en el 2015 en la revista International Psychogeriatrics y se titula: Post-stroke depression and post-stroke anxiety: prevalence and predictors (Depresion post-infarto cerebral y ansiedad post-infarto cerebral: prevalencia y predictores). En el estudio se evaluaron a 289 pacientes en dos momentos: en las primeras seis semanas después del accidente cerebrovascular y retroactivamente para el período anterior al accidente cerebrovascular. Se realizó una entrevista clínica estructurada basada en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales IV; encontrando una prevalencia del 31,1% para la depresión y un 20,4% para la ansiedad en estos pacientes. Sin embargo, se destaca la ansiedad como trastorno predictivo en comparación con la depresión. Estos resultados llevan a considerar dos puntos importantes: 1. En la practica clínica, un procedimiento diagnóstico en pacientes con accidente cerebrovascular debe abarcar la evaluación de depresión y trastornos de ansiedad y, (2) respecto a la conceptualización de trastornos afectivos posteriores al infarto, la depresión parece estar mas claramente relacionada con el accidente cerebrovascular y, por lo tanto, menos previsible que la ansiedad.

Como investigadora, con experiencia en infarto cerebral a nivel de estudios de neurociencia básica, este tema es bastante interesante dado que hemos visto una directa relación entre el deterioro cognitivo y las alteraciones a nivel emocional. A tiempos tardíos post-infarto cerebral, áreas cerebrales como la amígdala, una zona relacionada con el procesamiento de las emociones, presenta pérdida neuronal, cambios en el patrón de otras células cerebrales como los astrocitos y la microglía, así como reducción de algunas neurotrofinas que son indispensables para la recuperación cerebral luego de un daño cerebral. A pesar del extenso estudio de la neurobiología de los trastornos mentales a partir de modelos vasculares, no existe hasta el momento en los estudios clínicos disponibles ninguna correlación sólida entre las lesiones cerebrales, sus repercusiones funcionales y los trastornos neuropsiquiátricos específicos.

Deja un comentario