Nacer, crecer, reproducirse y morir no agota ni define el misterio. Un río nace en la montaña, crece a medida que baja, se reproduce en riachuelos y muere en la mar. Un río, aunque contenga vida, no es un ser vivo. ¿Qué es la vida?
Origen sí, claro, todos tenemos que aparecer para estar vivos, pero eso no nos define; una piedra tiene que existir pero eso no implica que esté viva, lo mismo de su crecimiento, como cuando una montaña o un río crecen y no por eso están vivos.
Pensar en que todo ser vivo tiene la potencia de reproducirse es negar la existencia a los que no lo pueden hacer, y a los que no queremos.
¿Todo lo vivo tiene que morir? Pues no. Una célula, que es el ser vivo más elemental, cuando se divide se convierte en otras dos células diferentes a la que ella era. Por más que tengan el mismo material genético (sin contar incluso con el entrecruzamiento del ADN), las dos células hijas ocupan lugares físicos diferentes y son diferentes a la célula progenitora, con otra cantidad de mitocondrias, otras organelas y otras moléculas.
A los biólogos nos gustan las células porque es lo menos complejo para intentar entender, en tanto unidad básica, a la vida. Recientemente, un artículo de revisión (1), publicado en la revista BioEssays y de título “Perspective on Death: A Gateway to a New Biology”, pone en tela de juicio la visión de que la muerte es simplemente el fin. Los autores se inclinan por una transición que revela el muy manoseado concepto de resiliencia, en este caso de las células y su capacidad de transformación más allá del fallecimiento del organismo. Este enfoque pretende redefinir nuestra comprensión de la vida y la muerte; independiente de que lo logre, es un portal a nuevas discusiones.
La resiliencia celular postmortem
Aunque el organismo en su conjunto deja de funcionar tras la muerte, algunos tejidos y células muestran una notable capacidad para seguir activos. Por ejemplo, investigaciones han demostrado que, incluso 24 horas después del fallecimiento, ciertas células cerebrales como las microglías y los astrocitos continúan creciendo y adaptándose. Estas células desempeñan funciones esenciales, como mantener la homeostasis y responder a daños neuronales. Este fenómeno, ligado a procesos activos como la transcripción genética postmortem, sugiere que la «muerte» no es tan definitiva ni inmediata como otrora se pensó, al menos a nivel celular (1, 2).
Más sorprendente aún es la capacidad de algunas células para entrar en estados latentes y, bajo condiciones adecuadas, reactivarse. Por ejemplo, células madre musculares en ratones y fibroblastos en ovejas han sido cultivados exitosamente varios días después de la muerte, mostrando propiedades regenerativas (3). Estas observaciones subrayan que la capacidad de las células para persistir e incluso transformarse tras la muerte del organismo depende de factores como la energía residual, los mecanismos autónomos de las células y las condiciones ambientales.
Un aspecto revolucionario del estudio es la observación de células que no solo sobreviven tras la muerte, sino que también forman nuevas entidades multicelulares con funcionalidades inesperadas. Un ejemplo destacado son los «Xenobots,» estructuras creadas a partir de células de piel de embriones de rana. Estas células, cultivadas en laboratorio, demostraron comportamientos sorprendentes como “navegar” su propio entorno, reparar daños y utilizar cilios para moverse de formas que en sus condiciones anteriores no hacían.
Otro caso son los «Anthrobots,» pequeños organismos formados por células epiteliales humanas cultivadas en condiciones controladas. Estas entidades no solo se movieron con precisión, sino que también mostraron habilidades como reparar daños celulares y responder a estímulos de manera compleja. Estos ejemplos ilustran cómo las células pueden superar sus roles biológicos originales, adquiriendo nuevas funciones. Si bien los autores sugieren que de aquí se desprende un desafío a las definiciones tradicionales de la vida y la muerte, considero que es la misma vida en procesos de adaptación, cuya identidad puede incluso cambiar por su propia preservación.
La muerte, lejos de ser un final definitivo, puede ser el inicio de un nuevo capítulo en nuestra comprensión de la naturaleza de la vida. Tal vez, al explorar estas transformaciones, estemos abriendo una puerta hacia una «nueva biología» que redefina lo que significa estar vivo.
El objeto de estudio de la biología es la vida en lo general. Pero no es propio de la biología pues hay más formas de relacionarse y explicar la vida que van más allá de la ciencia y que tienen, por cierto, una historia más vasta que esta. Negar sus explicaciones termina en un intento mutilado y mutilante por comprender el mismo misterio que la humanidad no ha podido explicar desde que se preguntaron los primeros seres por eso que llamamos vida.
Post Scriptum: Este texto surgió tras cavilaciones entre un abogado del positivismo-lógico, un psicólogo místico, un poeta y escritor revolucionario y un chirrete biólogo con ínfulas de filosofía en La Asomadera, un barrio popular de Medellín. Atinó el escritor al anotar en el aire: «qué encuentro tan raro». Un par de meses después se publicó el artículo que se discute (1).
- Noble PA, Pozhitkov A. Perspective on Death: A Gateway to a New Biology. Bioessays. 2024 Dec 17:e202400158. doi: 10.1002/bies.202400158. Epub ahead of print. PMID: 39686787.
- Dachet F, Brown JB, Valyi-Nagy T, Narayan KD, Serafini A, Boley N, Gingeras TR, Celniker SE, Mohapatra G, Loeb JA. Selective time-dependent changes in activity and cell-specific gene expression in human postmortem brain. Sci Rep. 2021 Mar 23;11(1):6078. doi: 10.1038/s41598-021-85801-6. PMID: 33758256; PMCID: PMC7988150.
- Singh M, Ma X, Amoah E, Kannan G. In vitro culture of fibroblast-like cells from postmortem skin of Katahdin sheep stored at 4 °C for different time intervals. In Vitro Cell Dev Biol Anim. 2011 Apr;47(4):290-3. doi: 10.1007/s11626-011-9395-6. Epub 2011 Mar 12. PMID: 21400020.

Este texto me hizo pensar que la vida no es tan simple como nos la enseñan en clase. Nacer, crecer, reproducirse y morir no alcanza para explicar lo que significa estar vivo. Me sorprendió saber que hay células que siguen activas después de que el cuerpo muere, como si se resistieran al final. También me gustó cómo mezcla ciencia con ideas más profundas, como si dijera que la vida no solo se entiende con microscopios, sino también con preguntas, arte y emociones. Al final, me dejó con más dudas que respuestas, pero eso también es bonito.
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