Adolescencia y Alcohol: Vulnerabilidad a las consecuencias neurotóxicas del consumo de etanol

Se estima que por el uso de alcohol cada año se producen 3 millones de muertes en el mundo, lo que representa un 5,3% de todas las defunciones. Casi el 75 % de estos casos se atribuye al consumo excesivo de alcohol, definido por el Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo como concentraciones de etanol en sangre de 0,08 mg/dL o mayores. Este tipo de consumo es particularmente común entre los adolescentes, aunque se ha logrado un progreso sustancial en la reducción de la ingesta excesiva de alcohol en esta población, la prevalencia más alta entre los grupos de edad sigue ocurriendo en estos.

La adolescencia está marcada por una serie de cambios fisiológicos que acompañan la transición a la edad adulta. Debido en parte a las alteraciones de las hormonas sexuales durante la pubertad, el organismo en su conjunto sufre cambios significativos durante la adolescencia que en última instancia dirige cambios en el comportamiento y la fisiología hacia la «madurez». Como es de esperar, el Sistema Nervioso Central experimenta una maduración sustancial durante la adolescencia, que incluye un incremento en la mielinización y consolidación de las sinapsis. Debido a estos cambios continuos en el desarrollo neurológico, los adolescentes pueden ser especialmente vulnerables a las propiedades neurotóxicas del alcohol.

Se ha informado que el aumento del daño cerebral, de los procesos inflamatorios y la disminución de la neurogénesis del hipocampo son consecuencia de la exposición prolongada al etanol en la adolescencia. La disfunción a largo plazo en la reactividad inmune al estrés y a los retos bacterianos, la inducción de microARNs y la alteración de la función sináptica también se han demostrado después de la exposición a etanol. Estos cambios a largo plazo en la función neurológica resaltan que la exposición al etanol en los adolescentes produce cambios potencialmente duraderos el resto de la vida.

Los patrones de consumo de alcohol tienden a alcanzar su punto máximo en la adolescencia tardía y la edad adulta emergente (21 a 25 años de edad), y luego  disminuye durante la edad adulta y hasta el envejecimiento tardío. Aún más preocupante es el surgimiento del consumo excesivo de alcohol, denominado consumo de “alta intensidad”, donde los niveles de etanol en sangre a menudo se acercan de 2 a 3 veces mayor a la definición por el Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo. Dichos patrones de consumo excesivo de alcohol son particularmente peligrosos y están fuertemente correlacionados con un diagnóstico posterior de Trastorno por Consumo de Alcohol. Los adolescentes muestran una sensibilidad alterada a muchos de los efectos duraderos positivos y negativos del etanol. A menudo se manifiesta como una mayor susceptibilidad a los efectos positivos del etanol, como la percepción subjetiva de la recompensa y la facilitación social; en contraste una mayor resiliencia a las consecuencias negativas del etanol, como la inhibición social, sedación y aversión. Se cree que este patrón de consecuencias contribuye al aumento de los niveles de consumo de etanol observado en los adolescentes.

Por su parte algunos de los fenotipos en los adolescentes relacionados con el consumo de alcohol muestran un efecto de «bloqueo», así como efectos neurotóxicos profundos. Varios estudios han resaltado que la exposición de los adolescentes al etanol promueve daño cerebral inflamatorio, patrones únicos de daño cerebral cortical e inhibición de la neurogénesis; como se mencionó anteriormente. Así mismo, se conoce que la exposición aguda al etanol durante la adolescencia provoca una respuesta de señalización neuroinmune significativa que persisten hasta la edad adulta.  La activación inmunológica es un mecanismo a través del cual el etanol, especialmente en dosis altas, compromete la integridad del sistema nervioso central. La activación de vías de señalización en las células como la vía NFκB por el etanol y la subsiguiente inducción de citoquinas proinflamatorias es un mecanismo informado a través del cual el etanol podría inducir daño neuronal. Específicamente, la respuesta aguda temprana de citocinas incluye un aumento de la expresión génica de IL-6 e IκBα 3 horas después de la administración de etanol, durante la cual también es evidente la disminución de la expresión de TNFα e IL-1β al mismo tiempo. Después de la depuración del etanol (es decir, durante la resaca/abstinencia), la expresión de IL-6 e IκBα se normaliza en el cerebro, mientras que la expresión de TNFα e IL-1β aumenta. Estos efectos son evidentes en múltiples regiones del cerebro, lo que sugiere la participación de células gliales y otras células no neuronales en estas rápidas alteraciones en la expresión génica neuroinmune observadas después de una exposición aguda al etanol.

Así mismo, los datos en humanos respaldan que las personas con antecedentes de Trastorno por Consumo de Alcohol muestran aumentos en muchas moléculas de señalización inmunitaria, como HMGB1 (High Mobility Group Box-1), que se correlacionan con la exposición al alcohol durante toda la vida. Además, datos en humanos como estudios con roedores han indicado un aumento persistente en la expresión de TLR, incluido TLR4; y se han observado cambios a largo plazo en la acetilación de histonas, así como en los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro después de la exposición intermitente al alcohol en adolescentes. Estos hallazgos se correlacionan fuertemente con cambios en la expresión de genes neuroinmunes y, en última instancia, disminución de la neurogénesis. Si bien estos datos resaltan el potencial de la exposición intermitente al alcohol para producir cambios duraderos en la expresión de genes inmunitarios, menos estudios han evaluado si el sexo del individuo modificaría estos resultados y si estos cambios también reflejan diferencias duraderas en la activación inmunitaria periférica.

Conoce más de la autora: Isaura Pilar Sánchez. Bióloga, Doctora en Inmunología. Docente Investigador Facultad de Ciencias de la Salud, Corporación Universitaria Remington.

Bibliografía

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