El plomo es un metal pesado que históricamente ha tenido diversos usos como la elaboración de tuberías que conformaban las redes de acueductos, así como en pinturas y en algunas poblaciones era mezclado con otros compuestos para hacer medicamentos. También se ha utilizado como materia prima para la elaboración de algunos productos comerciales como las baterías de los autos, joyería, municiones y es utilizado como cubierta para cables eléctricos, de televisión, internet, entre otros. Se encuentra como contaminante en la tierra, ya sea por su explotación, el reciclaje o la degradación de pinturas con plomo de las casas antiguas, en el agua gracias a la corrosión de algunas tuberías de plomo o soldadas con este material. Adicionalmente se encuentra en el aire, a pesar que ha ido disminuyendo desde principios de los 2000 cuando se empezó a prohibir que el tetra etilo de plomo fuera usado como aditivo en la gasolina para los autos, siendo Argelia el último país en prohibirlo en 2021. Aunque sigue siendo utilizado como aditivo para el combustible de aviones a pistón.
El plomo se absorbe principalmente por vía gastrointestinal y respiratoria de manera lenta pero constante, por esto, los efectos de una intoxicación no se ven a corto plazo. En cuanto al potencial tóxico se sabe que puede afectar diversos procesos bioquímicos en el cuerpo, y debido a que el plomo tiene una similitud química con el calcio tiene una facilidad para ser almacenado en los huesos y que por lo tanto su eliminación sea inefectiva. El plomo también interfiere en muchos procesos dependientes de calcio, especialmente la activación, conductancia y regulación de los canales iónicos dependientes de calcio. Además, el plomo puede dañar las envolturas de mielina de los axones haciendo que el proceso de emisión de neurotransmisores se vea afectado, generando síntomas como: cefaleas, pérdida de memoria y parestesia en extremidades.
En los niños, la absorción del plomo tiene una tasa de más o menos 50% y se puede ver agravada por una dieta pobre en calcio, por lo que en casos de exposición prolongada pueden resultar efectos como convulsiones, coma o la muerte. Sin embargo, el riesgo no es nulo en casos de exposición menores, ya que se ha demostrado que una concentración sanguínea de 3.5 μg/dL puede afectar la inteligencia de los niños y provocar problemas conductuales o de aprendizaje. En Colombia se estima que por lo menos hay 600.000 niños con valores de plomo en sangre superiores a los 5 μg/dL, aunque estos datos pueden estar subestimados ya que el país no tiene suficientes estudios poblacionales sobre concentraciones de plomo elevadas en sangre.
Ahora, pensemos cómo puede afectar el plomo el comportamiento, en varios estudios se ha observado como los niveles de plomo en sangre o en huesos de jóvenes puede estar correlacionado con la actividad delictiva. En las comparaciones se observó que jóvenes que habían sido arrestados por crímenes menores o agresiones tenían mayor probabilidad de presentar concentraciones elevadas de plomo en huesos en comparación con jóvenes que no habían cometido crímenes. Otros estudios muestran como estudiantes con mal desempeño académico, o que desertaban, tenían mayores concentraciones de plomo en el cuerpo que los estudiantes con un buen rendimiento académico. Es importante identificar si en nuestro entorno, estuvimos o estamos expuestos a plomo, para poder sospechar del efecto que puede tener en nuestro cuerpo y tomar medidas a tiempo.
Conoce más del autor: Dayhan González. Estudiante de Microbiología y Bioanálisis.
Referencias
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