
La influencia hormonal en el funcionamiento cerebral ha sido de gran interés para los investigadores y se han encontrado cambios que afectan la forma como manejamos los trastornos depresivos. El sexo femenino tiende a internalizar sus problemas por lo que las manifestaciones más comunes son: el llanto, el aislamiento y la disminución en el lenguaje. El sexo masculino, por su parte, tiende a externalizar sus dificultades por lo que el enojo, las conductas agresivas y el consumo de alcohol son más prevalentes en los trastornos depresivos. El estrés biológico crónico (mediado por el cortisol) produce déficits en el hipocampo en hombres y mayor funcionamiento en las mujeres. El hipocampo es el principal encargado de la memoria, por lo que en estados depresivos, las mujeres recuerdan más los eventos dolorosos del pasado, llevando a una tristeza de mayor intensidad.
La pandemia nos obligó a repensarnos como sociedad el valor y el significado de la salud mental. Además ayudó a visibilizar las enfermedades mentales más allá de la concepción de esta como voluntaria. Las enfermedades que más aumentaron su frecuencia fueron los Trastornos Depresivos y los Trastornos de Ansiedad. Existen diferencias en la presentación de los síntomas depresivos por género y el conocerlas nos puede ayudar a entender mejor la enfermedad.
Las mujeres presentan más riesgo de desarrollar depresión en los periodos de cambios hormonales (pubertad, premenstrual, posparto y menopausia). El estrógeno es un potente antidepresivo que aumenta el poder theta cerebral (y disminuye el beta) lo que se traduce en mejor atención y mejor adaptación a estresores externos. Además aumenta el poder relativo en las ondas alfa cerebrales que ayuda a un mejor procesamiento de la información, aumentando la capacidad de resolución. El estrógeno también influye en el procesamiento emocional en la región parietal, cuando disminuye hay mayor dificultad en procesamiento de emociones negativas que impactan el comportamiento. Los niveles de estrógeno y progesterona menores durante algunas fases del ciclo menstrual hace que el estado de ánimo este bajo y disminuya la actividad cortical, esto se traduce en mayor atención a las emociones negativas sobre las positivas.
Entender estas diferencias nos ayuda a enfocar mejor el tratamiento de los trastornos depresivos en la mujer, a comprender las variaciones que puede presentar durante el ciclo menstrual y a desmitificar concepciones erróneas sobre lo voluntario de la enfermedad comprendiendo la base biológica de esta enfermedad y la necesidad de un tratamiento por profesionales de la salud mental. Asimismo, podemos ofrecer un acercamiento mas empático y benéfico para la mujer que esté padeciendo de depresión.
Bibliografía
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- Parker, Brotchie. Gender differences in depression. International Review of Psychiatry, October 2010; 22(5): 429–436
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