
Se ha demostrado que practicar, aprender o interpretar música implica una amplia gama de procesos cognitivos de orden superior, induce plasticidad neuronal y mejora el rendimiento en una amplia gama de tareas cognitivas utilizadas para medir la función ejecutiva. Aunque la formación y el entrenamiento musical está correlacionado con una función ejecutiva mejorada, poco se conoce sobre el grado en que los aspectos armónicos del entrenamiento musical están asociados con componentes de la función ejecutiva.
Es importante resaltar que la función ejecutiva es un conjunto de procesos mentales que permiten la autorregulación y el comportamiento dirigido a objetivos. Se compone de al menos tres elementos centrales: el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva. El control inhibitorio es la capacidad de controlar los pensamientos, las emociones y los comportamientos mediante la supresión de una respuesta habitual o automática. La memoria de trabajo se refiere a almacenamiento limitado en tiempo y capacidad de información específica de tareas o datos. Por su parte, la flexibilidad cognitiva es la capacidad mental de cambiar con éxito de pensamiento alrededor de dos o más conceptos diferentes y para adaptarse a cambios en el entorno. Implica pensar en varios conceptos simultáneamente y se manifiesta por la capacidad de cambiar la conducta o el modo de pensar con un fin adaptativo y por la capacidad de modificar acciones que ya se venían realizando. Las funciones cognitivas de orden superior construidas sobre este núcleo incluyen la atención selectiva, la planificación y la resolución de problemas.
La relevancia de la función ejecutiva en nuestras vidas quizás se ilustra mejor por cómo se predice el alcance de un logro a largo plazo. En adultos, las medidas de la función ejecutiva se correlacionan positivamente con el éxito laboral, la satisfacción conyugal y la calidad de vida en general. Los esfuerzos para entender la relación entre la preparación musical (nivel de educación formal o nivel de practica al largo plazo de interpretación de un instrumento) y la función ejecutiva se ha incrementado en los últimos años. Algunos estudios han indicado que músicos tanto niños como adultos superan a los no músicos en tareas relacionadas con cada componente de la función ejecutiva y otros reportan que el éxito en el desempeño ejecutivo cerebral esta relacionado con el entrenamiento en la interpretación de un instrumento. Sin embargo, otros reportes han indicado resultados contradictorios donde los músicos no siempre superan a los no músicos en tareas de función ejecutiva, pero coinciden en las diferencias grupales encontradas en las redes cerebrales funcionales involucradas en estos procesos.
La divergencia adicional en los efectos de la formación musical puede atribuirse a las diferencias en los criterios utilizados para definir un “músico” y el tipo y alcance de la formación musical recibida. Es probable que se obtenga una mejor comprensión al probar cómo los componentes del entrenamiento musical, como el ritmo y la armonía, se relacionan con la función ejecutiva. Los percusionistas muestran ventajas tanto en el procesamiento auditivo del ritmo como en el control inhibitorio de su función cerebral, en comparación con otros tipos de músicos y no músicos. Así mismo, se ha demostrado que aquellos individuos con formación musical con énfasis en la preparación rítmica superan a aquellos con formación melódico – armónica y a individuos no músicos en las medidas de control inhibitorio más que en la memoria de trabajo o la flexibilidad cognitiva. De otra parte, una práctica musical que también puede relacionarse selectivamente con las funciones ejecutivas es la armonización. Estos procesos desafían la capacidad y la duración de la memoria de trabajo. Por lo tanto, las demandas de tareas de armonización probablemente requieran control inhibitorio, flexibilidad cognitiva y memoria de trabajo, que en conjunto constituyen el núcleo de la función ejecutiva. Algunos resultados indican que los músicos con énfasis en armonización superan a los no músicos en la tarea de planificación y resolución de problemas.
Todos estos hallazgos proporcionan una fuerte evidencia de que la formación musical mejora la función ejecutiva y que ciertos tipos de entrenamiento musical pueden influir en componentes particulares de dicha función y no en otros.
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