Teorías neurobiológicas de los trastornos funcionales neurológicos.

Los trastornos funcionales neurológicos son un conjunto de síntomas físicos, los cuales son genuinos, es decir, quien lo padece no está fingiendo, sí siente dicha sintomatología. Sin embargo, la causa de este padecimiento no está relacionado con alteraciones anatómicas o fisiológicas –alteración de los procesos normales corporales- del sistema nervioso, sino que su causa está relacionada con procesos biopsicosociales de la persona. Es decir, posiblemente, la causa y/o agravante de dicha sintomatología radica en alteraciones psiquiátricas. Estos trastornos han sido controversiales a lo largo de la historia, muchas veces dejados de un lado e ignorados, provocando que apenas se tenga alguna idea válida de su origen. En este apartado, se repasará brevemente cómo han evolucionado las teorías que justifican la aparición de dicho trastorno.

La historia de este síndrome se remonta a inicios del siglo XIX, en donde se observó que, particularmente en mujeres jóvenes, se presentaba una serie de sintomatología dada por mutismo, irritabilidad, desmayos y parálisis; en este momento se consideró que el responsable de dicho cuadro era el útero y se acuñó el término “histeria”. No obstante, al ver que esta sintomatología también sucedía en hombres, los investigadores de la época encontraron imperativo comenzar a buscar otra fuente en común que explicara dicho suceso. Así pues, a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, Charcot – un neurólogo y anatomista de la época- concluyó que la fuente de este padecimiento residía en el cerebro, particularmente, en la materia gris del mismo, en donde se producía una hiperexcitación. Janet, pupilo de Charcot, afirmaba también, que los órganos implicados –háblese de extremidades, los órganos de fonación y de más- tenían cierta susceptibilidad para las alteraciones. Por ejemplo, cuando un paciente sufría una parálisis del miembro superior derecho, era probable que con anterioridad esta extremidad hubiese sufrido algún tipo de lesión, que lo llevara a afectarse. Finalmente, en esta época, se comienza a hablar de las implicaciones psicológicas de este trastorno, pues veían que, a través de la hipnosis, los pacientes mejoraban significativamente de su enfermedad.

Posteriormente, en la década de 1960, ya casi finalizando el siglo XX, Brew Whitlock quiso enfocarse en un sentido más neurobiológico de la enfermedad. Whitlock propusó que la razón por la cual se originaba la histeria, esta podría presentar síntomas nerviosos centrales como pérdida del tono postural, alteración del estado de conciencia y convulsiones, que se debía a un proceso de inhibición de los impulsos corticofugos –que inicia y termina en la corteza cerebral- a nivel de la formación reticular, esto, ocasionaba una depresión selectiva del estado de conciencia; así como la disminución selectiva de una función corporal. Este científico argumentó que la histeria era desencadenada por situaciones externas estresantes y funcionaba como una especie de mecanismo de defensa. Ludwig, complementó esta teoría alegando que, a través de la sedación y maniobras psicológicas se podía desinhibir estos impulsos, y así, mejorar el cuadro del paciente. 

Finalmente, en nuestra época, gracias a las imágenes funcionales, se ha observado que, a pesar de la integridad estructural del encéfalo, en algunas estructuras se observa hipoperfusión o hipometabolismo, es decir, o no les llega suficiente sangre o no funcionan adecuadamente. Las estructuras implicadas son la corteza prefrontal, el tálamo, caudado y el putamen, que probablemente estén relacionados con los síntomas motores y sensitivos experimentados por los pacientes con estos trastornos. Cabe resaltar, que el término histeria ya se encuentra en desuso y fue reemplazado por trastornos neurológicos funcionales –y así quitar también un poco el estigma que se tenía frente a esta población-.

A pesar del gran avance que se ha tenido en la parte científica sobre estos trastornos, aún falta mucho camino por recorrer, puesto que estos síndromes continúan siendo un reto para el personal de la salud y para los pacientes que lo padecen. No obstante, se resalta y aplaude que se ha dilucidado que hay un factor biológico en todo esto, los trastornos funcionales van más allá de emociones reprimidas o acciones mal adaptativas. Con esto, se concluye, que el paciente realmente está enfermo y por lo tal, requiere tratamiento que aborde sus esferas biopsicosociales. Por último, queda abierta una invitación para seguir descubriendo más acerca de esta patología tan fascinante y a la vez intrigante, y así, posiblemente, llegar a la raíz del problema y otorgar a los enfermos un tratamiento eficaz. 

Referencias:

  1. Edwards M. J. (2017). Neurobiologic theories of functional neurologic disorders. Handbook of clinical neurology, 139, 131–137. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-801772-2.00012-6
  2. Stone J. (2014). Functional neurological disorders: the neurological assessment as treatment. Clinical neurophysiology, 44(4), 363–373. https://doi.org/10.1016/j.neucli.2014.01.002
  3. Rovira Salvador I. La histeria [Internet]. 2021 [citado 4 marzo 2022]. Disponible en: https://psicologiaymente.com/clinica/histeria

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