La vida ha existido hace miles de millones de años y los seres vivos han cambiado y modificado sus organismos desde su inicio. Todos los seres vivos tienen la capacidad innata de evolucionar, de transformarse y de poder adaptarse de acuerdo a los requerimientos del medio. Uno de los cambios más importantes es la del sistema nervioso, el cual se ha considerado por mucho tiempo como impenetrable, ya que está protegido por una barrera que separa el cerebro y el resto del cuerpo conocida como la barrera hematoencefálica.
El cuerpo humano logró adaptarse y generar una comunicación bidireccional entre el sistema nervioso y el sistema inmune. El sistema nervioso está compuesto de neuronas y células gliales, el sistema inmune contiene células de defensa como los neutrófilos, linfocitos, monocitos, entre otras células, pero ¿Cómo se relacionan estos dos sistemas entre sí? Inicialmente, el sistema inmune influye sobre el sistema nervioso durante el desarrollo, guiando y favoreciendo la formación adecuada del cerebro y las redes que lo componen. Posteriormente, durante nuestra vida y hasta el envejecimiento, estos sistemas se apoyan para la respuesta, reparación y regeneración de los tejidos cuando hay noxas o factores internos o externos que desregulan la homeostasis del cuerpo, y todo esto lo hacen con ayuda de unas moléculas llamadas citoquinas. Estas pequeñas moléculas son liberadas por muchas células, especialmente el sistema inmune, y tienen la capacidad de traspasar la barrera hematoencefálica e interactuar con el sistema nervioso; desencadenando respuestas en el cerebro y en zonas tan distantes como los dedos de nuestros pies. Estas moléculas logran intervenir en los circuitos neuronales y generar respuesta del sistema nervioso, transmitiendo señales que tienen la capacidad de regular las funciones del sistema inmune desde el cerebro y posteriormente controlar respuestas inflamatorias en los tejidos, generando un mayor flujo de sangre, aumentando la temperatura y coordinando muchos tejidos para que participen en la eliminación de un agente extraño o noxa.
La neuroinmunología es el estudio de las relaciones bidireccionales entre el sistema nervioso y el sistema inmune, en esta área se han desarrollado múltiples campos de estudio que dan cuenta de las moléculas que interactúan entre ambos sistemas. Las citoquinas como las interleucinas, los interferones, los factores de crecimiento y otros compuestos que liberan las células del sistema inmune y del sistema nervioso; pueden mediar respuestas celulares a corta y larga distancia. Estas pequeñas moléculas actúan como hormonas polipeptídicas en nuestro día a día y logran mantener la homeostasis en el sistema nervioso. Estas constituyen un pilar fundamental para entender las enfermedades que afectan nuestro sistema nervioso como la esclerosis múltiple, la encefalitis autoinmune, los tumores cerebrales, las demencias, los trastornos mentales, entre otras enfermedades que pueden llegar a presentar cambios en nuestro cerebro debido a la alteración de las citoquinas en nuestro cuerpo.
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