Aproximadamente 1 de cada 4 a 5 jóvenes en el mundo cumplen con los criterios de un trastorno mental con deterioro severo antes de llegar a la edad adulta. Por lo tanto, mejorar la atención médica e implementar prácticas para disminuir la vulnerabilidad a los síntomas psiquiátricos es una parte vital del tratamiento de esta población. Los tratamientos alternativos que hacen referencia a un estilo de vida saludable, como la incorporación de actividad física, la mejora de la nutrición y la optimización del sueño, permite a los médicos diseñar un enfoque más integral para el tratamiento de salud mental de los jóvenes.
Diferentes investigaciones han mostrado que ser más activo físicamente tiene beneficios significativos para todos, independientemente de la edad, el sexo, la raza, la etnia o el nivel de condición física actual. El departamento de salud y servicios humanos de EE.UU. recomienda que los niños en edad preescolar (de 3 a 5 años) sean físicamente activos durante todo el día para mejorar su crecimiento y el desarrollo, y los niños y adolescentes entre 6 a 17 años deben participar en al menos 60 minutos de actividad física todos los días para mejorar el bienestar físico. Se ha descrito que, los mecanismos de acción por los cuales la actividad física y el deporte confieren beneficios a la salud mental y el bienestar son multifactoriales, pero tienden a dividirse en dos categorías amplias: neurobiológica y psicosocial. El componente neurobiológico implica la modificación a la respuesta al estrés inflamatorio y oxidativo, promoviendo la neurogénesis, sinaptogénesis, mielinización y angiogénesis para ayudar al desarrollo del cerebro a través de factores neurotróficos (como el BDNF) y modulación de las monoaminas (serotonina, dopamina, norepinefrina), endorfinas y endocannabinoides. Mientras que, desde la parte psicosocial esta satisfacer las necesidades psicológicas básicas de conexión social y autonomía, el dominio de una habilidad, el promover la confianza a través del logro, exponerse a situaciones difíciles y utilizar la tolerancia a la angustia, así como aumentar la autoeficacia general y el autoconcepto.
Por otro lado, el componente nutricional es igual de importante que la actividad física. Muchas evidencias parten desde la conciencia nutricional, no solo por sus efectos en la salud física, sino también por su relación con la salud mental y el bienestar, y a partir de esto surge la psiquiatría nutricional como un campo nuevo y emergente de la nutrición y la salud mental. Varios estudios han demostrado que una dieta occidental o altamente procesada genera mayor riesgo de desarrollar síntomas psiquiátricos, como depresión y ansiedad. Por el contrario, una dieta de estilo mediterráneo protege de desarrollar un trastorno mental. Otra nueva vía en la psiquiatría nutricional ha sido el surgimiento de investigaciones dirigidas a la modulación de la microbiota intestinal (a través de alimentos y suplementos probióticos y prebióticos) como una terapia novedosa para el tratamiento de diversas afecciones neuropsiquiátricas. Se ha demostrado que la comunicación bidireccional entre la microbiota intestinal y el cerebro influye en la neurotransmisión y el comportamiento, que a menudo se asocia con las afecciones neuropsiquiátricas. Es probable que los mecanismos del impacto nutricional en el cerebro sean muchos, complejos y compuestos. Sin embargo, investigaciones recientes se han centrado en la neurogénesis del hipocampo, el cual es una región del cerebro asociada con el aprendizaje, la memoria y el estado de ánimo y es una de las dos estructuras del cerebro donde persiste la neurogénesis. El grado de neurogénesis en el hipocampo se ha relacionado directamente con la cognición y el estado de ánimo, por lo que la modulación de la neurogénesis del hipocampo por la dieta ha surgido recientemente como un posible mecanismo por el cual la nutrición puede afectar la plasticidad, función y salud mental del cerebro.
Junto con la dieta y el ejercicio, el sueño es una actividad esencial que juega un papel crucial en el desarrollo emocional y físico, la salud y el bienestar. La calidad del sueño está asociada con resultados emocionales y de salud positivos en los jóvenes, mejoras en la atención, el aprendizaje, el rendimiento académico, la memoria, la cognición, el comportamiento y la regulación de las emociones, así como una mayor autoestima, autoaceptación, niveles de optimismo y calidad de vida en general. Por el contrario, una gran cantidad de evidencias muestran la relación entre el sueño inadecuado y una peor salud y bienestar emocional en los jóvenes, incluidos mayores niveles de autocrítica, conductas de riesgo, riesgo de suicidio y enfermedad psiquiátrica, además de una serie de efectos negativos sobre la salud física y las capacidades cognitivas. Lamentablemente, la mayoría de los jóvenes no duermen lo suficiente. Se ha identificado una fuerte asociación entre el sueño y estado de ánimo y/o autolesión; los jóvenes que duermen menos de 6 horas por noche tienen 3 veces más probabilidades de tener un comportamiento suicida. Varios factores contribuyen a la falta de sueño en los jóvenes, tales como la exposición a los medios electrónicos, consumo de cafeína, horas de inicio temprano de la escuela, condiciones médicas crónicas, trastornos del sueño de base neurológica (por ejemplo, apnea obstructiva del sueño, síndrome de piernas inquietas) y presiones para obtener buenas calificaciones, así como participar en actividades extracurriculares y mantener una vida social activa.
La relación entre el sueño y la enfermedad psiquiátrica es a menudo bidireccional, por lo que las interrupciones del sueño son un síntoma de un trastorno psicológico y el sueño deficiente resultante agrava e intensifica la afección. Teniendo en cuenta lo anterior y pese a las recomendaciones de que la evaluación del sueño sea parte de las visitas de control del niño, el sueño no se aborda con regularidad en la atención primaria pediátrica. Por lo tanto, es esencial que los proveedores de salud reconozcan los vínculos entre el sueño y el bienestar emocional, y aborden continuamente los problemas del sueño; y que adicionalmente, los padres de niños y adolescentes establezcan horarios regulares para acostarse y despertarse con el fin de implementar una rutina consistente, predecible y relajante a la hora de acostarse, con una exposición mínima a los dispositivos electrónicos. Es importante mencionar que, el sueño se optimiza cuando los niños y adolescentes mantienen una dieta saludable, participan en actividad física regular y tienen una satisfacción a sus necesidades emocionales durante el día.
De acuerdo con todo lo anterior, la actividad física regular, una nutrición equilibrada y un sueño de calidad están asociados con un mejor bienestar a lo largo de la vida, y por lo tanto, médicos y padres de familia deben priorizar el papel de cada factor de estilo de vida en la optimización del bienestar de niños y jóvenes.
Bibliografia
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