Enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares según la Organización Mundial de la Salud son un conjunto de trastornos del corazón y de los vasos sanguíneos entre las cuales se encuentran hipertensión arterial, cardiopatía coronaria, enfermedad cerebrovascular, cardiopatía reumática, trombosis venosa profunda y embolias pulmonares, miocardiopatía y cardiopatías congénitas.

Las enfermedades cardiovasculares a nivel mundial son responsables aproximadamente de un tercio de todas las muertes y a la misma vez generan un importante impacto económico afectando mayormente a los países de ingresos bajos y medios produciéndose casi por igual tanto en mujeres como en hombres. En América Latina desde el año 2000 constituyen un 33.7% de muertes registradas.

En Colombia, igualmente, las causas de mortalidad están encabezadas por las enfermedades cardiovasculares, que corresponden al 28,7% de todas las defunciones. Se estima que para el año 2030 casi 23,6 millones de personas fallecerán debido a alguna enfermedad cardiovascular, principalmente por cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Existen factores de riesgo los cuales desencadenan las enfermedades cardiovasculares entre estos se encuentran:

• Factores de riesgo que tienen un efecto indirecto en las enfermedades crónicas, aquí se encuentran: El bajo consumo de fibra, alto consumo de grasas, el sedentarismo, consumo de tabaco, las dietas y el uso nocivo del alcohol.
• Factores de riesgo que tienen un efecto directo en la probabilidad de desarrollar cardiopatía coronaria y ataque cerebrovascular: La tensión arterial alta, el sobrepeso, la obesidad, la hiperglucemia y la hiperlipidemia.
• Factores de riesgo que están mediados parcialmente por el índice de masa corporal, antecedentes genéticos actuando sobre los factores de riesgo proximal y en forma directa sobre los eventos de enfermedad.

El término estrés se ha convertido en un vocablo habitual de nuestra sociedad actual. El estudio, el trabajo, las responsabilidades diarias representan un conjunto de situaciones altamente estresantes, debido a que el individuo puede experimentar, aunque sólo sea transitoriamente, una falta de control sobre su ambiente, potencialmente generador de estrés. Este afecta a variables tan diversas como el estado emocional, salud física o las relaciones interpersonales, pudiendo ser vivenciadas de forma distinta por diferentes personas.

Se cree que el estrés es un factor contribuyente al riesgo cardiovascular, trabajos científicos han descubierto varias razones por las cuales el estrés puede afectar al corazón. Las situaciones estresantes aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, aumentando la necesidad de oxígeno del corazón. En momentos de estrés, el sistema nervioso permite la liberación de más hormonas (principalmente adrenalina), estas aumentan la presión arterial, lo cual puede dañar la capa interior de las arterias. Al cicatrizarse las paredes de las arterias, éstas pueden endurecerse o aumentar en grosor, facilitándose así la acumulación de grasas y otras sustancias (placa). El estrés también aumenta la concentración de factores de coagulación en sangre, aumentando así el riesgo de que se forme un coágulo. Estos pueden obstruir totalmente una arteria ya parcialmente obstruida por placa y ocasionar un ataque al corazón.

A su vez, el estrés también puede contribuir a otros factores de riesgo. Los hábitos de alimentación son factores modificables que intervienen en la expresión o el desarrollo de diversas patologías, tanto por deficiencia como por exceso de energía y nutrimentos. Por ello, diversas enfermedades crónico-degenerativas no transmisibles pueden prevenirse si se lleva a cabo un estilo de vida saludable. Dentro de los hábitos alimentarios que frecuentemente se observan en la población general, se encuentra la omisión de tiempos de comida, especialmente el desayuno y el aumento en el consumo de comidas rápidas.

Dando a conocer los principales factores desencadenantes de estas enfermedades cardiovasculares, se puede intervenir de manera preventiva disminuyendo los factores de riesgo y por ende lograr reducir la probabilidad de sufrir este padecimiento. Algunos de los comportamientos que forman parte del estilo de vida saludable son: llevar una alimentación y nutrición adecuada, realizar actividad física y actividades recreativas de forma regular, controlar el estrés, no fumar o abusar de las bebidas alcohólicas, cafeína o fármacos y adoptar medidas de higiene y seguridad adecuadas.

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